Escultora
Maru Oriol

¿Qué será lo que le impulsa a una persona a meterse en semejante lío material, psíquico y espiritual?

Ese impulso no es ni consciente, ni racional. Si me lo hubiera pensado dos veces, es probable que no hubiese dado más de dos pasos en semejante dirección. Los ímpetus empezaron a los 15 años. Me refiero a esa fuerza que te levanta de la cama y te obliga a meterte en procesos de creación de los que sólo eres dueña en parte.

Estos procesos se han ido sucediendo, dando sentido a mi vida, sin el cual ya no podría vivir. Los espacios de tiempo entre etapas, pasan a ser descansos ficticios, ya que en la mente el silencio no existe. De esta manera es cómo el lío de la creación se va apoderando de una. Sometiéndome a sus mandatos.

Parece ser, que el material, en mi caso, ha determinado en gran parte la parte formal de la obra. A lo largo de la historia, el hombre ha querido doblegar a la materia. Al enfrentarse a la dureza de la piedra, ha necesitado liberarla de su aparente rigidez. En ese campo de batalla me encuentro. Peleando por dar flexibilidad a la rigidez.

Pero esta persistente intención se transforma, al descubrir el material que contiene físicamente la cualidad que persigo. El vidrio es la piedra maleable por naturaleza. El calor provoca en él, sorprendentes movimientos, creando formas caprichosas afines a su principio caótico. Esto supedita a unas directrices formales, dejando a su Naturaleza manifestarse protagonista de la función. Se acabó por tanto la batalla. Se acabó el lío.

La vida, el arte, es una batalla. Podemos pelear simulando ganar. Pero la opción de relajarse... observar y dejar que la vida actúe, puede que sea la estrategia mejor para poder sobrevivir al lío. El depositar un trozo de vidrio en el horno, para que sea el calor la fuerza única que lo transforme, es mi obsesión del momento. El abandonar la cabezonería de pelear contra la rigidez de la piedra, me produce el mismo efecto que el despertar una mañana de un dulce sueño, y descubrir que la labor está hecha.

No invento nada, solo descubro que mi marcha es de nuevo paralela a la historia que han ido haciendo otros artistas. Formando parte del movimiento Dada, de comienzos del siglo XX, Jean Arp consideraba importante que el artista perdiera el control todo lo posible para que pudiera crear una obra de arte fiel al azar propio de la naturaleza, y que a la vez rechazara el peligroso impulso de imponer el orden tan propio del ser humano. Marcel Duchamp llevó la idea más lejos que nadie cuando transformó un urinario, en su fuente, su escultura readymade, sin tomarse siquiera la molestia de cambiar su apariencia física. Hasta entonces el arte había sido algo creado por el hombre, con cualidades ante todo estéticas. El decidió que fuera el artista, el que decidiera lo que era arte. No se trata de describir el recorrido del arte contemporáneo, pero si encuentro necesario descubrir las raíces de lo que me nace. Claramente es un compendio de la historia, y ello me sorprende al no haberlo calculado.

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