Escultora
Carmen y Maru
“…Ella es mi Ángel de la Guarda.
Cree en mí, me cuida, me guía
y me da fuerzas, desde el Cielo…”

Maru Oriol Icaza nace en Madrid en 1965.

Sumergida en el mundo del arte desde la cuna, a los 15 años descubre su vocación. Desea ser escultora. El entorno familiar, la sangre de artista que corre por sus venas y la tozudez heredada de su ascendencia vasca, son a la vez origen y motor que harán realidad esta temprana y tenaz decisión.

Nieta, hija y hermana de artistas, su infancia transcurre entre pintura, escultura, literatura y arquitectura. Sus dos abuelas, Carmen Zabálburu y Maru Ybarra, la una escultora y la otra pintora. Su madre, Carmen Icaza, escritora. Su padre Miguel de Oriol, arquitecto y pionero en la admiración por el arte contemporáneo en España. De sus cuatro hermanos, Carchín y Pedro son pintores y Miguel arquitecto.

Aún siendo educada en la España tradicional de los años 70 y 80, Maru Oriol no concibe ejercer otra profesión. Es consciente del reto profesional y las dificultades personales que entraña hacer realidad su tan definida vocación. Pero siente una fuerte convicción en sí misma y no es persona que acepte el no antes de intentarlo. La pasión se une a una fuerte energía, capacidad de trabajo y voluntad.

Pero no está sola. Camina de la mano de su abuela Carmen.

Durante los tres últimos años de enseñanza escolar, Maru Oriol alterna sus estudios con cursos de dibujo en Madrid (Academia Amadeo Roca y Academia Peña). Entre 1983 y 1988, estudia Bellas Artes en la Universidad Complutense de Madrid, especializándose en escultura.

A lo largo de su trayectoria profesional, sus referentes han sido escultores como Constantin Brâncuși, Louise Bourgeois, Jean Arp, Isamu Noguchi, Max Bill, Anish Kapoor, Jorge Oteiza, Eduardo Chillida y Martín Chirino. También es un referente para ella la obra de escultores de su generación como Juan Asensio, Adrián Carra y Curro Ulzurrun.


Maru Taller
“¿Ves ese inmenso bloque de granito? Así, tal cual es…
lo pondría ahora mismo en mi salón, si cupiese…”
Un pacto con la materia

Maru siente una gran inquietud hacia la experimentación con diversos tipos de materiales, ya sea madera, bronce, barro, mármol, basalto, vidrio o fieltro. Materia que ella misma selecciona cuidadosamente, a veces fuera de nuestras fronteras. Desea que la obra final muestre la elegancia y personalidad original, arriesgando cada pieza en el laborioso proceso de creación. Se compromete a mantenerla indivisa y modelarla realzando su propia identidad, cual si fuera un hijo al que hubiera que guiar y pulir, respetando su individualidad. Este pacto entre la artista y la materia es fundamental para comprender la obra de Maru Oriol.

La materia se somete

La escultora esboza formas tanto en la materia como en los espacios que ésta envuelve. Formas intrépidas y laberínticas a veces, formas suaves y sinuosas otras. Intrigantes vacíos dejan pasar el aire que cada pieza respira. La materia confía, se somete a su alma y a sus manos. Al cincel, el torno, el calor, el agua, la pulidora, la granalladora… Maru extrae la belleza que sólo ella es capaz de imaginar en lo que para otros es un inmenso y tosco bloque. El proceso es dificultoso y arriesgado. La savia aún presente, hace que la madera sea caprichosa y se resista a la forma. La dura piedra se parte fácilmente. El vidrio, líquido y maleable a altas temperaturas, es caprichoso y frágil cuando retoma su estado sólido.

Desde sus comienzos como escultora, en el año 1988 y hasta la fecha actual, se distinguen en la obra de Maru Oriol varias etapas, marcadas siempre por un intento de conciliar su desbordante y arriesgada creatividad con la realidad física de cada material. La escultora extrae todo su potencial, mostrando sus diversos estados y esculpiendo formas y texturas que diríamos casi imposibles. El suave mármol pulido que invita a acariciar un interminable y sensual recorrido, sin principio ni final. El vidrio que incomprensiblemente envuelve y abraza con ternura las sutiles curvas del negro y reluciente basalto, cual si fuese embrión en el útero materno.


Madera, 1988 a 1999

Tras sus estudios de Bellas Artes, Maru se incorpora al mundo profesional y elige hacerlo con la madera. Unos pinos centenarios cayeron en la localidad toledana de Layos y al verlos, brota en ella su primera inspiración. Aquella época le trae recuerdos de calurosos veranos y anocheceres sobre suaves montes que se pintan de naranjas y violetas. Al pino le suceden los álamos negros que, al abandonar la vida, ella misma tala. El Taller de Carpintería de Hilario se convierte en su sede de trabajo, y con su ayuda Maru crea sus primeras piezas.

Un proceso altamente artesanal pues el árbol, aún resinoso, se resiste a ser manipulado por la máquina. Comienza a tallarlo desde el momento en que se lo arranca a la naturaleza, como si quisiera devolverle la vida. Motosierras y cepillos eléctricos son sus primeros instrumentos, su primera inversión. Y un espíritu grande pero con pocas pretensiones. Pureza y humildad de una niña que, casi inconscientemente comienza a caminar por las inmensidades del arte.

Manos
Realiza varias exposiciones colectivas (1993 y 1995) y su primera exposición individual en la Galería Gurriarán en Madrid (1999).


Bronce y Maternidad, 1999 a 2002

Tras el nacimiento de su primer hijo, Maru siente la necesidad de comprender a través de sus propias manos el misterio de lo que la gran naturaleza ha formado en el interior de su cuerpo. El barro va tomando forma entre sus manos de madre y se va transformando en un rostro, el de su hijo Miguel. El bronce hará el resto para completar la pieza final.

Pocos años después llega al mundo su hija María.

Es esta una nueva etapa en la obra de Maru que ella evoca con infinita ternura. Los retratos en bronce que le encomiendan diversos particulares son a la vez un respiro y un reto en su carrera. Por un lado, le proporciona serenidad para ejercer y disfrutar la maternidad tal y como ella la entiende, muy cerca de sus hijos, trabajando desde su propio taller en su domicilio. Y por otro, le permite seguir dando rienda suelta a su inagotable capacidad creativa y asumir esos riesgos intrínsecos a su personalidad. La dificultad de plasmar no sólo los rasgos, sino también el alma de un ser humano. La batalla por traducir la perfección de la realidad con la necesaria sutileza.


Litolaxa I, 2002 a 2005

Durante sus años de crianza va germinando en la escultora una inmensa atracción hacia el material más laborioso, aquél que todo escultor desea sentir entre sus manos para hacer que su obra perdure. La piedra.

Maru Oriol se encuentra frente a frente con el mármol. Blanco, negro, rosáceo. Un encuentro enérgico al que se acerca con respeto, pero también con fuerte instinto y un definido principio, tan antiguo como la propia historia de la escultura. Someter la piedra, doblegar su esencia, arrebatar su rigidez y dotarle la elasticidad de la que intrínsecamente carece. Así nacen los primeros esbozos de Litolaxa I, en los cuales la piedra se hace flexible y se convierte en formas blandas.

En el año 2003, Maru emprende su primer viaje a Vietnam. En busca del material idóneo, tanto en calidad como en coste, descubre su cantera en las montañas de mármol de Vietnam. Es este un viaje en solitario al que le seguirán otros en años posteriores. Allí se encuentra también con un gran equipo humano, capaz de enfrentarse sin miedo a los “imposibles” que en principio plantea su obra y confía en ellos el necesario tratamiento inicial de la piedra.

En el año 2005, realiza una exposición individual, Litolaxa I, en la Galería Gurriarán en Madrid.


Manos
Litolaxa II, 2005 al 2008

Al igual que otros muchos artistas a lo largo de la historia de la escultura, Maru Oriol experimenta un avance natural en el tratamiento de la piedra hacia un manierismo, cercano a la serpentinata.

El trabajo vietnamita, que llega a Madrid tras largas travesías en barco, cobra todo su esplendor al someterse a las manos de la escultora. Minuciosamente perfilada, pulida y afinada, como si de un instrumento musical se tratara, cada pieza alcanza al fin su forma definitiva.

Son piezas saturadas de movimiento, en las que el material alcanza su máxima sumisión.

Es esta una época de afianzamiento profesional. La obra de Maru es muy bien acogida y demandada por colecciones particulares.

En el año 2008, realiza una exposición individual, Litolaxa II, en la Galería Gurriarán en Madrid. Publica su catálogo sobre Litolaxa I y II, con textos de D. Óscar Alonso Molina.


Vidrio y Basalto, 2008 a 2012

El éxito alcanzado con sus dos series de Litolaxa facilita a la escultora el camino hacia un nuevo proyecto. No desea que su arte se convierta en producto y dirige su mirada en otra dirección, hacia un material que desde hace tiempo está presente en su imaginación. El vidrio.

Maru entiende el vidrio como la piedra maleable. No es necesario someterlo a movimiento ficticio pues contiene intrínsecamente dicho potencial. La capacidad de expresión del material pasa a ser natural. El calor provoca en él sorprendentes transformaciones, creando figuras caprichosas, afines a su principio caótico.

Y con el vidrio llega también el basalto. La escultora busca el hermanamiento de ambos materiales y experimenta con valentía diversos procedimientos. Recuerda las difíciles y arriesgadas decisiones que hubo de tomar, la inquietud de la incertidumbre, el sufrimiento de la espera.

Finalmente, Maru consigue que basalto y vidrio se abracen en una alianza armónica. Las piezas en basalto fueron esculpidas en el Taller de Cantería Granarca. Y fue el maestro vidriero D. Santiago Hernández Osa, en la localidad de Villena, quien comprendió que el basalto debía ser arropado por el vidrio, por imposible que pareciese la idea.

Maru
En el año 2012, realiza una exposición individual, Basalto y Vidrio en la Galería Gurriarán en Madrid. Presenta su catálogo D. Francisco Calvo Serraller, quien dedica bellas palabras a la obra de Maru. En el año 2013 realiza una exposición colectiva en la Galería Aína Nowack, en Madrid. Ese mismo año, expone en la Feria de Arte Contemporáneo Pinta, en Londres, con la Galería Aína Nowack.


Mármol y Fieltro, 2012 a 2014

La escultora retoma la piedra y lo que ella denomina el “movimiento ficticio” de la misma.

Le guía el principio de la representación teatral y le inspiran las esculturas manieristas de Bernini, en las que el pétreo material pierde su contundencia y los ropajes vuelan como exentos de peso, libres de gravedad.

Imponentes mantos tallados en mármol blanco se enlazan con las formas y pliegues naturales de retales de fieltro. Ficción y realidad. Son piezas en gran formato, a las cuales les siguen otras de menor tamaño. Los susurros tras el alarido inicial.

Esculpe pequeñas formas textiles que se repliegan sobre si mismas formando recovecos. La escultora juega con los espacios vacíos que permiten vislumbrar levemente el misterio que cada pieza esconde en su interior.

Maru concluye el fuerte temperamento de esta obra dotando al mármol de una textura rugosa. Se distancia del pulido y brillante acabado con el que tradicionalmente se asocia a este material y que ella misma utilizó en la serie Litolaxa.


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